Ilán Lieberman

Para ver mejor, más vale entrecerrar los ojos

2025-2026

Vista desde el encierro, acrílico sobre papel, 59.4 x 79.3 cm, 2026

Viene clareando, acrílico sobre papel, 59 x 79 cm, 2025

Ventanas quebradas, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm, 2025

Ventanas, acrílico y óleo sobre MDF, 40 x 52.5 cm, 2025-2026

Velas, acrílico sobre MDF, 40 x 52.5 cm, 2025

Trío, acrílico sobre MDF, 36.3 x 40 cm, 2025

Sucesión, acrílico y óleo sobre MFD, 120 x 80 cm, 2025-2026

Subibaja, acrílico sobre MDF, 60 x 80 cm, 2025

Sol, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm. 2025

Siete rayos, acrílico sobre MDF, 61.3 x 81 cm, 2025

Rombos, acrílico sobre tela, 80 x 105 cm, 2025

Retícula, acrílico sobre tela, 123.5 x 200 cm, 2025

Resplandecencia interior, acrílico sobre MDF, 40 x 52.5 cm, 2025

Planetas aglomerados, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm, 2025

Paisaje nocturno, acrílico sobre tela, 80 x 105 cm, 2025

Paisaje blanco, acrílico sobre tela, 160 x 200 cm, 2025

Pacto, acrílico sobre tela, 200 x 160 cm, 2025

Ojos que son lunas, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm, 2025

Noche negra, acrílico sobre papel, 59.3 x 79.3 cm, 2025

Movimiento en tres tiempos, acrílico sobre tela, 162 x 200 cm, 2025

Monte, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm, 2025


Mi mano izquierda (pequeña), acrílico sobre MDF, 80 x 120 cm, 2025

Mi mano izquierda, acrílico sobre tela, 120 x 175 cm, 2025

Mi mano derecha, acrílico sobre lino, 145 x 190 cm, 2025

Medusas en dorado, acrílico sobre papel, 59 x 79.3 cm, 2025

Medusas, acrílico sobre papel, 58.7 x 79.1 cm, 2025

Marina, acrílico y óleo sobre tela, 80 x 60 cm, 2025-2026

Marina II, acrílico sobre MDF, 80 x 105 cm, 2025

Luna y sol, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm, 2025

La luna y el sol, acrílico sobre tela, 161.5 x 200 cm, 2025

La boca del lobo, acrílico sobre papel, 58.8 x 79.1 cm, 2025

Iluminación, acrílico sobre tela, 100 x 100 cm, 2025

Hombre telaraña, acrílico sobre tela, 80 x 80 cm, 2025

Hendidura, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm, 2025

Fuerzas encontradas, acrílico sobre tela, 123 x 200 cm, 2025

Franjas, acrílico sobre MDF, 61 x 81.7 cm, 2025

Franjas de cobre, acrílico y óleo sobre tela, 110 x 140 cm, 2025

Esto es, acrílico sobre tela, 108.5 x 116.5 cm, 2025

Espectros, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm, 2025

Energías ascendentes y descendentes, acrílico sobre tela, 93 x 93 cm, 2025

El mirón, acrílico sobre papel, 59 x 79.3 cm, 2025

Dientes, acrílico sobre papel, 59.3 x 79.3 cm, 2025

Cuadrados I, acrílico sobre tela, 100 x 100 cm, 2025

Cuadrados II, acrílico sobre tela, 100 x 100 cm, 2025

Crecimiento, acrílico sobre tela, 200 x 162 cm. 2025

Cinco ventanas, acrílico sobre MDF, 40 x 52.5 cm, 2025

Cinco bolas, acrílico sobre MDF, 61.3 x 81 cm, 2025

Cielo, acrílico sobre tela, 150 x 150 cm 2025

Cabeza con pelos parados, acrílico sobre MDF, 80 x 60 cm, 2025

Cabeza (Picasso), acrílico sobre MDF, 80 x 60 cm, 2025

Cabeza (niño), acrílico sobre tela, 105 x 80 cm. 2025

Cabeza (el pequeño Buda), acrílico sobre MDF, 80 x 60 cm, 2025

Cabeza (El César), acrílico sobre MDF, 80 x 60 cm, 2025

Bosque resplandeciente, acrílico sobre tela, 120 x 160 cm, 2025

Atardecer en amarillo, acrílico sobre MDF, 122.5 x 93.5 cm, 2025

Atardecer, acrílico sobre tela, 160 x 120 cm, 2025

Apertura grande, acrílico sobre tela, 160 x 120 cm. 2025


Mímesis entre nieblas:

Entre lo visible, lo invisible y lo imprevisible

Por Otto Cázares

La fórmula sagrada de los Misterios Eleusinos para hacer de la vista (exterior) una auténtica
visión (interior) decía «Para ver mejor, más vale cerrar los ojos». Viudo dos veces al confiar menos en su visión que en su vista, Orfeo con tal formulación debió acompañar su salida del submundo.

Variación de aquélla, «Para ver mejor, más vale entrecerrar los ojos» a la que hace alusión el
título de esta muestra, conjunta el verbo griego mysthos (acción de entrecerrar los ojos al tiempo en que se guarda silencio) y mist (niebla).

Es el actuar, en un mismo acorde, entre mysthos y mist.
Entrecerrar los ojos para poder ver sin demasiada nitidez. Vista en camino a ser visión. De lo
que se trata es de no cesar de evocar-invocar-convocar un cierto carácter de flotación en lo
mirado. Entrecerramiento de los párpados o vista nublada, in-transparencia u opacidad, que
invitan al intercambio Mirada/Visión, Visión/Mirada que va, como un cometa, de la imagen
exterior a la imagen interior y de la interior a la exterior.

En su trabajo reflexivo sobre el dibujo, Memoria de Ciego, Jacques Derrida habló acerca de la
anticipación (que se hace con la mano), a diferencia de la precipitación (que se hace con la cabeza).
Con la consecuencia de que la anticipación con la mano del dibujo, más allá incluso de lo visible y lo invisible, abre el camino hacia lo imprevisible.
Lo imprevisible conoce al tiempo en que construye la expresión.
Tengo la impresión de que las obras recientes de Ilán Lieberman buscan una reconexión –
desde filamentos vibrátiles y cromáticos– a la memoria de un estado extático. Recuperar ese
estado, por la vía de la disciplina pictórica y buscado pertenecer-se en la obra, desvela su contenido
a través de las series. Serialización significa que, aunque sucesiva, no está cada obra encadenada
una a la otra, provee en la repetición más bien, la ocasión de intentar develar una mímesis entre
nieblas.
Mirada entre nieblas.
Imprevisible.
Escribió el poeta Edmond Jabès «Intentar, al margen de la tradición, recobrar los caminos de mis fuentes».
También Ilán Lieberman regresa a sus fuentes como artista por el camino de los márgenes.
Regresa a sus fuentes por el camino más húmedo, neblinoso. Fuentes que están en estado
vaporoso.
Ni siquiera tiene que llegar al pie de la fuente: al aproximarse ya está envuelto en una
atmósfera. Su fuente difusa, repartida por doquier en miles y miles de partículas, hace que, mucho
más que un pintar, Ilán Lieberman produzca un suspender imprevisible .
En el hermoso intento de regresar a sus fuentes por el camino imprevisible, persiste la fuente
difusa, lo que me recuerda que, cuando Kazuo Ishiguro escribió la novela Un artista en el mundo
flotante, el regreso del artista era a La Casa. Ilán emprendió el camino a la Casa-Fuente desde los
márgenes, partiendo de dos zonas en las que estuvo: la zona del duelo y la zona de la epifanía
que, más tarde, y ya habiendo rendido el viaje de regreso, le pudo haber hecho decir una
paráfrasis imaginaria a Meister Eckhart para esta exposición:

«Si yo no fuera, tampoco esta visión sería»

Menos memoria de ciego que memoria de alguien que ha visto con los ojos entrecerrados,
Ilán pinta como poseso con colores-anticipación. Confió más en su visión que en su vista e Ilán,
como Orfeo, con tal formulación acompañó su salida del submundo con márgenes cromáticos
del camino, que ondulan como onda hertziana. Colores, luminisciencias, iridisaciones. Ondulan
con guiños: i-radiaciones Klee, i-radiaciones Rothko. Colores i-radiados de una cierta fluorescencia:
paleta radiactiva donde hay i-radi-acción cromática.

En la experiencia, Ilán Lieberman llevaba impresa la garantía del duelo y el proceso estuvo
marcado por la angustia: «El sosiego no aporta sosiego» escribió, con razón, Maurice Blanchot.
Emprender camino desde los márgenes implicó para Ilán Lieberman una febril producción de
más de un centenar de obras pictóricas: numerosas telas de distintos formatos y escalas, abundantes
obras en papel, que solicitaron una cuidadosa selección para la exhibición Para ver mejor, más vale
entrecerrar los ojos, cuya i-radi-acción transcurre entre lo visible, lo invisible y lo imprevisible.